Rosa Ferré: “La historia de la arquitectura de la sexualidad es la del hombre que fantasea y piensa”

12/03/2017 – Realización: Ares Biescas Rue (@aresBiescas), Marta Santacreu Olaya (@msantacreeu) y Edgar Sapiña Manchado (@edgarsapinya) | Producción y Edición: Edgar Sapiña Manchado | Texto: Ares Biescas Rue

Rosa Ferré es responsable de exposiciones del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. De formación filóloga, tiene más de 20 años de experiencia en la concepción y dirección de proyectos expositivos. Hablamos con ella en motivo de la exposición 1000m2 de deseo, que cerrará sus puertas el próximo 19 de marzo de 2017.

Cuando empezasteis a gestar la exposición, ¿a qué receptor imaginasteis que llegaría vuestro mensaje?

La exposición piensa en un público interesado en el cambio. Aún así, no hemos querido centrarnos en la perspectiva queer porque dentro de la heterosexualidad hay proyectos radicales y es donde más cosas se tienen que romper. Hemos jugado a no separar, damos por natural que cualquier práctica es normal… Me parecía preocupante que lo queer se quedase en un gueto y más interesante convencer a la gente que nunca ha pensado que la sexualidad puede ser performática. La lucha homosexual ha cambiado muchas cosas, pero cuando se estanca porque existe un barrio donde se puede consumir igual que los heterosexuales o se concibe el matrimonio de la misma manera que el heterosexual te preguntas si el proyecto no tendría que ir más allá…

¿Cuál ha sido el papel de la mujer en la creación de espacios para el sexo?

En general los materiales nos dicen que hay pocos arquitectos que han pensado cómo tiene que ser el espacio para el sexo, sobretodo construyendo y esto a la vez nos indica cómo es nuestra sociedad, de qué se ha relegado a lo íntimo y a lo doméstico. Las mujeres como en otros espacios de poder, han estado apartadas de la arquitectura.

¿Se concibe la exposición desde una perspectiva feminista?

Creo que la gente entiende que cuando mostramos la escenografía de Playboy, estamos reflexionando sobre el modelo de “capitalismo caliente” que plantea Beatriz Preciado. Nos interesa que la gente sea capaz de plantearse de dónde provienen sus fantasías y cómo se han construido.

Es decir, que los espectadores intenten liberarse de sus prejuicios.

Se supone que estamos en un momento de libertad sexual, pero se sigue sin hablar abiertamente de todo y se sigue pensando en la monogamia como la vía clara de las relaciones. Ha quedado muy inscrito que los hombres se pueden permitir una cierta sexualidad libertina y las mujeres no tienen ninguna necesidad. En este sentido, hemos intentado desmitificar cosas y des del principio aclarar. Por eso hemos empezado la exposición con el Triunfo del Falo: la historia de la arquitectura de la sexualidad es la historia del hombre que fantasea o piensa.

Entrevista
Rosa Ferré en su despacho en el CCCB. CC: Edgar Sapiña.

En la exposición se habla mucho de utopías sexuales. ¿Desde que posición podemos pensar una nueva forma de desear?

Cuando ha habido un proyecto diferente a la norma con relación al sexo es porque había una clase social (aristocracia francesa) que no tenía que trabajar. Estamos todo el día o produciendo o consumiendo, y es muy importante la relación entre la sexualidad y ocio, o todo lo que somos más allá de lo que consumimos y producimos. En la exposición, intentamos hablar sobre cómo la falta de tiempo es un desprecio hacia nuestros deseos.

1000m2 de deseo empieza en el siglo XVIII, porque en ese siglo hay un cambio de paradigma y se empiezan a utilizar otras narrativas en cuanto al sexo, por ejemplo, aparece por primera vez la palabra intimidad… Actualmente, ¿qué narrativas están latiendo en el campo de la relación entre deseo y arquitectura?

La sexualidad ahora está muy mediada por la tecnología. Internet es un espacio en sí mismo y trae una revolución sexual hacia la desmaterialización de las relaciones. Toda tendencia tiene su contratendencia, a lo mejor si todo es tan digital hace falta un espacio para saciar la necesidad de reconocimiento de los cuerpos.

Remedios Zafra, en una conferencia en motivo de la exposición, hablaba sobre la plataforma virtual Second Life, donde la gente podía elegir cómo presentarse y normalmente seguían el estereotipo heteronormativo. ¿Hasta qué punto nuestro deseo está dictado por la lógica del sistema cultural?

Nuestro deseo es el deseo de los otros. Somos pantalla todo el rato. Ahora se ha puesto de moda crear espacios en la casa que sean “instagramizables”. Es como la máxima representación del “yo” y me parece un exhibicionismo muy propio del ser humano. Desde los años 70, y Playboy ya jugaba con ello, se produce una espectacularización de la intimidad, lo que hace preguntarnos: ¿Y si esta espectacularización lo que hace es substituir la sexualidad? Como si tener sexo fuese lo mismo que representarlo. Lo más curioso es el estereotipo, cómo la fantasía máxima de una pareja heterosexual son estos resorts de lujo donde hay chicas, piscinas… Nadie busca otra cosa, se “come” lo que le llega de las tradiciones.

“Nuestro deseo es el deseo de los otros”

¿Cómo habéis tratado movimientos como el postporno y el porno feminista, por ejemplo, de Erika Lust?

A mí el discurso de Erika Lust no me gusta nada, no me lo creo. El porno de Erika Lust es porno para chicas bien, de clase media y yo creo que a las chicas bien de clase media no les funciona, porque no quieren ver lo que ya tienen en casa. El deseo pornográfico es el deseo de ver cosas a las que no atreves a enfrentarte. No creo que uno vaya al porno a reconocer, quieres algo que te ponga nervioso. Por eso me parece muy interesante lo que ha hecho el postporno y el movimiento queer y por eso estamos incentivando charlas que no se pueden enseñar solo en una exposición.

Has hablado de capitalismo caliente. ¿El sistema capitalista ha contribuido a la creación de nuestras sexualidades?

El sexo sirve para domesticar a las poblaciones. Por ejemplo, existió un momento en los años 70 en Estados Unidos donde se empezó a llevar el porno a la esfera pública a través de su legalización y se abrieron cines donde las mujeres podían entrar. Parecía que hasta la pornografía podía llegar a Hollywood. La elite cultural estadounidense iba a ver clásicos de la pornografía como “garganta profunda”. Esther Fernández, comisaria de la parte relacionada con el porno de la exposición, estudia cómo desde el gobierno se invirtió en la industria del vídeo doméstico para que el porno volviera al ámbito privado.

¿Cuál es el futuro del proyecto?

1000m2 de deseo probablemente irá a París. Trabajamos nuestras exposiciones como proyectos de investigación a largo plazo. En París queremos hacer una especie de “Open Call” para que jóvenes arquitectos propongan espacios específicos para el sexo.

“El deseo pornográfico es el deseo de ver cosas a las que no atreves a enfrentarte”

Rosa Ferré
CC: Edgar Sapiña.

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